jueves, 20 de junio de 2019

Titus Andronicus

Resultado de imagen de titus andronicus an obeliskQuizás haya sido una de las mejores sorpresas que me podía llevar a estas alturas de curso en el que actas, informes de TFM, tribunales de TFG, exámenes y revisiones se acumulan (ayer 3 horas de Junta de Facultad para aprobar unos horarios que ya tenían el consenso mayoritario de todas las áreas, prrrfff...). En fin, que An Obelisk de Titus Andronicus, se ha convertido en los últimos tres días en mi disco de descarga de nervios.

Y es que después del irregular A productive cough del año pasado, ya no esperaba un disco tan bueno de Patrick Stickles y su panda. Pero An obelisk, lo es. Y tiene 3 o 4 canciones cerca de su mejor momento (para mí The Monitor, aunque su primer disco también me encanta).

Pero este álbum tiene algo de engaño, y es que sus canciones pertenecen al proceso de grabación de The Most Lamentable Tragedy (2015). No me preguntéis por qué estas canciones que tan bien han quedado aquí fueron desechadas de aquel disco (que excepto un par de cortes, también fue bastante irregular), quizás en ese momento no era lo que le pedía el cuerpo, pero el caso es que ahora se lo ha pedido y, menos mal.

An obelisk recupera esa buena dosis de punk, hardcore y melodías pop que los de New Jersey saben hacer perfectamente y que tan bien plasmaron en sus dos primeros álbumes. De entrada hay dos canciones tremendas, con buenos guitarrazos, gritos y su melodía inconfundible: Just like ringing a bell, con la que abren el trabajo y la tremenda (I blame) Society que es un pepinazo increíble digno de estar en el Zen Arcade de Hüsker Dü, cosa que no nos extraña ya que en una entrevista reconoció que se ha inspirado mucho en el último libro publicado por Bob Mould (y de hecho va a girar haciendo de telonero para él). De hecho, en este estilo hay temas que destacan en todo el disco como Beneath the boot.

También hay margen para echar el freno, como en My body and me, donde esas guitarras pesadas hacen de telón para un medio tiempo bastante digno, al más puro estilo The Men (cuando lo de NYC hacían punk y no se liaban con las influencias del rock americano).

Aunque lo mejor del disco, a mi juicio, llega al final con dos cortes tremendos The Lion inside y, sobre todo, Tumult around the world, que es la mejor de todo el disco. Y dejarse la mejor canción para el final del disco es algo que solo te hacen Titus Andronicus. Este corte, tan The Monitor, dan ganas de estar gritándolo todo el día y eso que, tal vez, sea el corte más pop de todo el álbum.

Una buena sorpresa ver que Titus Andronicus, esto es Patrick Stickles, sigue haciendo estas canciones que tanto nos gustan. 


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