miércoles, 28 de octubre de 2020

The Luxembourg Signal

Esta semana estaba ya marcada en rojo en el calendario porque iban a coincidir varios lanzamientos interesantes de cara a las navidades: The Luxembourg Signal, Lunchbox y Smokescreens.

Por si fuera poco, me coincide con un aislamiento en casa de 10 días porque el pasado viernes tuvimos un positivo COVID19 en clase, así que aunque no se me considere contacto estrecho y no me vayan a hacer prueba PCR me toca quedarme en casa y limitar al máximo mis contactos, lo que voy a cumplir porque creo realmente que es la única forma de ir parando la cadena de contactos y contagios (que van de la mano).

Así que, aquí en casa, llevo un par de días escuchando entusiasmado el nuevo álbum de The Luxembourg Signal: The Long Now. La banda inglesa, aunque tiene miembros viviendo en Estados Unidos, ha sacado un disco muy coherente y con una buena muestra de canciones que van del indie-pop con sello Sarah Records hasta el shoegaze más limpio y guitarrero.

De hecho, el trabajo se inicia con una especie de intro obscura, I never want to leave, que para nada representa al resto del álbum.

Si algo destaca en este disco es la limpieza de las guitarras y las apariciones perfectas de los teclados para moverse dentro del ámbito del indie-pop y del shoegaze más limpio al más puro estilo Slowdive (nada de capas de suciedad y guitarras escacharradas), y ahí podemos encontrar cortes como The morning after, Mourning Moon, Cut the bridle o When all that we hold decays, que bien podría ser una de esas baladas dream-pop de The Pains of Being Pure At Heart.

Por otro lado, The Luxembourg Signal también sacan su lado más guitarrero en temas con más gancho y, a mi juicio, lo mejor de este trabajo: la tremenda 2:22 con sus guitarras tipo Ride, la más etérea Take it back o la más pop Ramblin' Rodríguez.

En definitiva, The Long Now es un muy buen disco, muy coherente en su sonido y una buena continuación de la trayectoria de The Luxembourg Signal.

domingo, 25 de octubre de 2020

Matt Berninger

Serpentine Prison de Matt Berninger era, quizás, uno de los discos que yo más esperaba en este final de año. El líder de The National la verdad es que había adelantado 3 cortes y los tres me parecían estupendos: Serpetine Prison, Distant axis y One more second (con ese órgano setentero genial al final de la canción, me parece lo mejor de este disco).

Estas tres canciones recogen una fuerte influencia de su banda que, en realidad, sobrevuela todo el álbum. Eso sí, son canciones más calmadas y pausadas y en ningún momento toman el brío de los tambores asincopados tan característicos de The National. Eso le resta algo de fuerza a estas canciones, aunque bien se pueden incluir entre lo mejor que ha hecho Berninger. En esta línea también hay canciones que no están mal como Oh Dearie o All for nothing.

Serpetine Prison es un buen álbum, desde luego, pero me ha dejado un poco desencantado. Tal vez porque esperaba más, tal vez porque las tres mejores canciones son las que ya conocíamos y el resto del álbum flojea un poco más. 

No es que flojee, en el mal sentido, si no que Matt Berninger se ha decantado por cortes tranquilos y más planos, y en ningún momento rompe la línea del álbum con alguna canción más poderosa donde destaquen las guitarras. De hecho, si hay un instrumento omnipresente en este Serpentine Prison es el piano. Además, Berninger ha querido explorar algunas influencias claras de la música popular americana con diferentes resultados: por un lado hay cortes como la inicial My eyes are T-Shirts o Collar of your shirt donde vuelve la cabeza hacia el folk y el country americano y escuchamos la presencia de slide-guitars (en la primera) o violines (en la segunda), eso sí llevados a este terreno de calma y melancolía que predomina en el disco. Incluso en Loved so little presenta esa influencia de la música de frontera Tex-Mex con perezosas guitarras y una armónica de fondo que nos hace imaginar un duro desierto y hombres con ponchos a caballo, algo así como un homenaje a Caléxico con la voz de Berninger.

Si su reinterpretación folk es discutible, mejor le sienta cuando vuelve la mirada hacia el blues y el jazz popular americano. Y ahí encontramos esa maravillosa Silver Springs donde colabora Gail Ann Dorsey (de Tear For Fears y colaboradora, en su día, de David Bowie) que bien podría ser un viejo blues cantado a dúo con un buen acompañamiento de una sección de vientos.

En conclusión, Serpentine Prison es un buen disco, que sirve para que Matt Berninger explore nuevos sonidos, más tranquilos, fuera de su banda. Quizás no es lo que yo esperaba una vez conocidos los adelantos, pero es verdad, que el disco gana puntos conforme lo vas escuchando.

miércoles, 21 de octubre de 2020

Supercrush

La verdad es que entre los últimos discos que he escuchado he encontrado un poco de todo: álbumes decepcionantes que no me acaban de convencer como los de Fleet Foxes o Sufjan Stevens, algunos que han cumplido las expectativas, pero solo a medias, como el de Matt Berninger y otros, que me ha sorprendido para bien, como es el caso de Supercrush con este SODO pop.

Supercrush es el proyecto power-pop de Mark Palm, el artista de Seattle que, hasta ahora, había estado trabajando en bandas de hardcore punk y metal. No es algo nuevo, ya hemos visto antes como artistas hardcore sacan su lado más melódico en cortes paralelos de power-pop como ha hecho en los últimos años Tony Molina (el tema final When I'm gone, me recuerda mucho al artista de Oakland) o como hizo Dani Llamas de GAS Drummers con su proyecto de The Ships.

SODO Pop es un disco de power-pop guitarrero como en temas como I can't stop (loving you), On the Telephone o Get it right donde está más cercano a bandas como Red Kross, Fountains of Wayne o la música de Kurt Baker.

Incluso en los cortes donde pisan el freno de entrada, acaban por dar guitarrazos como sucede en Grace, I didn't know (we were saying goodbay), Fair-Weather Fool o Have you call him by my name?

Incluso en cortes como Parallel Lines, Supercrush tiran un poco más de capas de guitarras sucias y se acercan al shoegaze de grupos como Ride.

El resultado es un gran disco de power-pop guitarrero y potente que evidencia la gran calidad compositiva de Mark Palm lejos de su estilo habitual.

martes, 20 de octubre de 2020

The Slow Summits

Hace un par de años ya comenté el maravilloso EP, Languid Belles, que sacaron los suecos The Slow Summits que, incluso, se colaron en una recopilación de Nebrija Records.

Ahora, la banda de Linköping, vuelven preparando lo que será un nuevo trabajo y del que ya se conocen un par de cortes: Safe and sorryNot the only. El primero una canción genial con guitarras jangle-pop y aires a los 80's que bien nos recuerda a grupos como Orange Juice o The Smiths u otros más recientes como Northern Portrait o Pale Lights. El segundo un medio-tiempo con arreglos de cuerdas que suena espectacular.

Espero que pronto podamos escuchar el nuevo trabajo completo porque, de verdad, que los adelantos son muy buenos.

lunes, 19 de octubre de 2020

The Reds, Pinks and Purples

No es la primera vez que hablo en el blog de The Reds, Pinks and Purples, el proyecto en solitario de Glenn Donaldson desde la bahía de San Francisco. Él mismo define este trabajo en su bandcamp como un proyecto de kitchen-pop, lo que viene a ser un reflejo de un pop DIY realizado en casa, pero no en la habitación si no desde la melancolía de la cocina que te atrapa.

You might be happy some day es básicamente un álbum desesperado (y desesperante) en sus letras y sus temáticas y es que, desde luego, la situación de pandemia y confinamiento se ve reflejada en estas canciones, desde la que le da título You might be happy some day a cortes como Forgotten names o Desperate parties.

Esta tristeza impregna todo el disco y crea el escenario perfecto para las canciones. El inicio con Last summer in a rented room o canciones como Desperate parties me han recordado muchísimo a ese pop obscuro de raíces post-punk que han venido haciendo los rusos Motorama en sus últimos trabajos.

Eso sí, pese a la melancolía de las letras, no se olvida The Reds, Pinks and Purples de su maravilloso jangle-pop y esas obras de arte que salen de su guitarra: Forgotten names, Half-a-Shadow o Sex, Lies and therapy, con su maravilloso teclado, bien reflejan que el indie-pop de sus anteriores proyectos como los geniales Art Museums o Skygreen Leopards sigue estando más que vigente.

Quizás sea un disco que pase bastante desapercibido para la crítica y el gran público. Seguro. Quizas, también, sea el mejor disco que vaya a salir en todo el otoño. Así que ya sabéis para estos primeros días de frío: buen libro y The Reds, Pinks and Purples.

viernes, 16 de octubre de 2020

Bestia Bebé

La banda argentina Bestia Bebé se convirtieron para mí en una gratísima sorpresa cuando les conocí hace un par de años. Venían de concierto al Microsonidos y yo les había escuchado algunas canciones pero nunca me había parado a escuchar un álbum completo hasta ese momento. De su directo salí encantado y de su música también, tanto que acabé por pillar su primer álbum allí mismo y de vez en cuando sigue sonando en el tocadiscos.

Hoy editan su nuevo álbum, Gracias por nada, y de nuevo han vuelto a dar en el clavo con su colección de canciones. A veces pienso que lo mejor que se puede decir de una banda es que suenan a ellos mismos, y es que eso significa, que tu propuesta es tan estable y coherente que apenas se le pueden encontrar fisuras. 

Y en ese sentido, Bestia Bebé siguen acertando con cortes como Media docena de maleducados, El descontrol, La chispa, Me olvidé de tu cumpleaños o Un documental sobre mí donde las guitarras son las protagonistas. Eso sí, como todos los grupos, van evolucionando con el tiempo y en cortes como El fin del mundo (otra vez) vemos como han ido dando cada vez más peso a los teclados y sintetizadores.

También hay tiempo para pisar el freno y dejarnos buenas canciones en forma de baladas, algo que en realidad, encontramos en todos sus trabajos. En este caso un tema como Eucalipto, con ese precioso órgano es un buen ejemplo.

Los de Boedo siguen presentando una propuesta de lo más interesante y coherente del rock independiente en castellano.

jueves, 15 de octubre de 2020

Surfer Blood

Es difícil catalogar la carrera de Surfer Blood. La banda de Florida fue un éxito rotundo con su primer trabajo, Astro Coast en 2010, y giró junto a los mejores grupos por los grandes festivales de medio mundo. Yo aún les recuerdo en el Primavera de 2010 que hicieron un conciertazo tremendo.

Desde entonces, se han ido sucediendo discos más irregulares, donde siempre destacaban un par de canciones pero el resto no armaba un buen conjunto. Además, la muerte del guitarrista por cáncer, imagino que debió ser un golpe duro y que ha influido mucho en el sonido de la banda.

Hace como un mes, si no más, lanzaron Carefree Theatre, su quinto álbum de estudio (el último fue un álbum de versiones), y aunque de entrada no me dijo gran cosa porque rebajan decibelios y están más moderados que nunca, el disco ha ido haciéndose grande a base de buenas canciones. De hecho, en este disco, Surfer Blood están más pop que nunca.

En la segunda mitad del disco están los cortes más pop y menos ruidosos que recuerdan un poco a los Best Coast más melódicos: In my mind, Summer Trope o Dewar. Eso sí, les queda bastante bien esta faceta y cortes como In my mind están realmente bien.

En la primera mitad del elepé es donde están los temas más guitarreros, Desset Island, con la que abren el disco, o Parkland (into the silence) son las que más recuerdan a los Surfer Blood del primer álbum, cuando la influencia de grupos como Weezer era bien notable.

También hay cortes de pop guitarrero como Karen, Carefree Theatre o In the Tempest's Eye donde se acercan a grupos actuales como Rolling Blackouts Coastal Fever u otras canciones que me encantan como la vibrante Unconditional donde las mejores Bleached me han venido a la cabeza, o Uneasy Rider donde las guitarras me han recordado a los Yo La Tengo más poperos. De hecho, son estas dos canciones las que más me gustan del disco.

Surfer Blood se aferran al pop y a las buenas canciones para hacer un disco bastante coherente en su conjunto, dejan de lado los guitarrazos punk de los inicios, pero han sabido crecer mucho como banda. Y yo, la verdad, es que me alegro por ellos porque el talento no desaparece.