Pero bueno, hoy vengo con Friko que, en realidad, el cuarteto de Chicago, sacó su álbum Something Worth Waiting For en abril. El caso es que recuerdo haber leído alguna buena crítica del disco en algún blog o alguna revista pero no le presté demasiada atención. Hasta que en Agosto lo compartieron en el blog italiano (me encanta) Memoria Pollaroid y ahí sí tuve tiempo para pararme a escucharlo. Después, al par de semanas, los trajeron como sustitutos al Canela y todo el mundo coincidió que fue uno de los mejores conciertos (no me extrañó nada).
Este trabajo tiene solo 9 canciones pero mucha mucha miga. Se abre a cañón con esa maravillosa Guess donde el noise-rock de Friko suena por momentos dulce y, por momentos, épico y potente. Con aires de la Velvet Underground pero sonando a Car Seat Headrest para que os hagáis una idea. Algo parecido ocurre en las más lentas Certainty o Alice que son unas baladas geniales que va ganando peso con los coros hasta ponerse épica al final.
Eso sí, Friko también nos dejan registros más rockeros. En realidad, es lo que más encontramos en cortes como Choo Choo. Por ejemplo, destaca esa Still Around donde sus guitarras suenan más afiladas y se acercan más al power-pop de los 70 de MC5 o New York Dolls y al garage dosmilero de gente como Ty Segall.
En la segunda mitad del disco las canciones son menos directas, hay menos guitarrazos y casi todas pasan de los 5 o 6 minutos.La bonita Hot Air Balloon es más pop, Seven Degrees y Something worth waiting for son dos bonitos cortes acústicos donde se van hacia el pop de los setenta, al más puro estilo DIY de los Sharp Pins, y la final Dear Bicycle es una balada al piano de más de seis minutos que sirve como epílogo a un disco genial.
Toda una sorpresa haber descubierto a Friko en este 2026, porque no son nuevos, pero la verdad es que para mí ha sido un verano de ir encontrándomelos por todos lados. Y eso es buena señal.






