Pero bueno, ahora lo traigo con un poco más de calma, cuando parece que a quince días de las vacaciones ya puedo respirar un poco más.
En general, el sonido de Glenn Donaldson se ha ido matizando y volviendo algo más pop. Bueno, siempre lo ha sido, pero es cierto que en sus primeros trabajos (hay que recordar que llegaba a sacar 2 o 3 discos por año) su sad-pop se mezclaba con sonidos DIY, suciedad y guitarras afiladas que se clavaban como punzones a mitad de canción. Eso ha ido, poco a poco, desapareciendo y quedando solo el rastro del sad-pop de aires un poco más dreamy.
Buen ejemplo son cortes como Heaven of Love, Emo Band o, la más lenta, New Leaf donde se acercan al sonido de grupos como The National con esas guitarras acústicas tan machaconas de los gemelos Dessner.
Tal vez sea este el disco más oscuro y plano de The Reds, Pinks and Purples o, por lo menos, el primero donde ninguno de los cortes tienen un estribillo destacado. No quiere decir esto que sea ni mejor, ni peor. Sí, que es un disco mucho más difícil para el gran público. De hecho, a mí el disco me gusta mucho.
Si tuviera que destacar alguna canción, además de la genial Heaven of Love, que ya he citado, tal vez, Houses, Worthy of Love con ese piano maravilloso que bien podría haber sido una canción de Coldplay o Where Did I go last night?
La verdad es que es un disco hermético, calmado y melancólico. Sería el disco perfecto para una tarde de otoño, aunque The Reds, Pinks and Purples decidieron sacarlo en plena primavera.






